No estás loco. No eres débil. Tu sistema nervioso no está dañado. Está haciendo exactamente lo que está diseñado para hacer. Tu sistema de alarma no funciona mal. Simplemente se activa en una situación en la que no hay ningún peligro real.
Llevo dieciocho años trabajando como especialista en el miedo a volar y, antes de eso, pasé más de una década en las cabinas de pilotaje. He visto el miedo desde ambos lados. Lo que he aprendido es que el miedo a volar casi nunca tiene que ver con volar.
Permíteme repetirlo, porque es la frase más importante de todo este artículo. El miedo a volar casi nunca tiene que ver con volar. Tiene que ver con tu sistema nervioso, con tu historia y con la forma en que tu cuerpo aprendió a protegerte mucho antes de que subieras a un avión.
Los tres estados de tu sistema nervioso
El profesor Stephen Porges, creador de la teoría polivagal, describió tres estados en los que puede encontrarse el sistema nervioso autónomo en un momento dado.
El sistema vagal ventral es tu estado de seguridad y sociabilidad. Cuando te encuentras en él, te sientes conectado. Puedes pensar con claridad. Eres capaz de evaluar los riesgos con precisión. Si estuvieras en este estado dentro de un avión, notarías las turbulencias, te encogerías de hombros y volverías a tu libro.
La activación del sistema simpático es el estado de «lucha o huida». El ritmo cardíaco se acelera. La respiración se vuelve superficial. Los músculos se tensan. La parte racional del cerebro se desconecta parcialmente. Este es el estado en el que entran la mayoría de los pasajeros con miedo a volar durante el despegue, las turbulencias o el aterrizaje.
El nervio vago dorsal se desactiva. Te quedas paralizado. Te derrumbas. En un avión, esto puede manifestarse como un entumecimiento total, una sensación de desconexión del propio cuerpo o la sensación de estar observándote a ti mismo desde fuera.
No puedes elegir en qué estado te encuentras. Tu sistema nervioso lo decide basándose en su propia valoración de la situación. Porges lo denomina «neurocepción».
Por qué tu neurocepción se equivoca
Tu neurocepción no evalúa si volar es estadísticamente seguro. Lo que evalúa es si la situación actual se ajusta a algún patrón que tu cuerpo haya asociado alguna vez con el peligro. Se trata de una comparación de patrones, no de una evaluación de riesgos.
Imagina que tu amígdala es un lector de códigos de barras. Escanea cada sensación y la compara con una base de datos de experiencias pasadas. Si encuentra una coincidencia con algo que en su momento fue amenazante, activa la alarma.
La cabina de un avión presenta muchas características que pueden desencadenar reacciones de pánico. Te encuentras encerrado en un espacio del que no puedes salir. No tienes el control. Estás rodeado de desconocidos. Experimentas sensaciones físicas inusuales. Para alguien cuyo sistema nervioso ha aprendido desde muy temprana edad que estas condiciones equivalen a peligro, el avión es una tormenta perfecta de factores desencadenantes.
La ventana de tolerancia
Dan Siegel introdujo el concepto de la «ventana de tolerancia». Este describe el margen dentro del cual el sistema nervioso puede gestionar el estrés sin caer en la respuesta de lucha o huida ni en el bloqueo.
Las personas con antecedentes de traumas suelen tener un margen muy estrecho. Una pequeña turbulencia, un ruido extraño del motor o el encendido de la señal de abrocharse el cinturón de seguridad pueden bastar para que pierdan el control.
La buena noticia es que ese margen se puede ampliar. Ese es el objetivo principal de la terapia: no eliminar el miedo, sino ampliar ese margen para que puedas tolerar más sensaciones, más incertidumbre y más incomodidad sin perder el control de tu mente racional.
Por qué falla la lógica
Seguramente ya habrás leído las estadísticas. Sabes que volar es el medio de transporte más seguro. Pero eso no sirve de nada. Esto se debe a que el miedo a volar no reside en la parte del cerebro que procesa la lógica. Reside en el sistema límbico y en el tronco encefálico.
Decirle a tu amígdala que volar es seguro es como decirle a un detector de humo que deje de pitar mostrándole un informe sobre seguridad contra incendios. El detector de humo no lee informes. Detecta el humo.
Lo que realmente funciona
La Experiencia Somática, desarrollada por el Dr. Peter Levine, trabaja con la energía de supervivencia almacenada en el cuerpo. Cuando se activa una respuesta ante una amenaza pero esta nunca llega a completarse, la energía queda bloqueada. La Experiencia Somática ayuda a liberar esa energía bloqueada.
La terapia EMDR ayuda a procesar los recuerdos traumáticos que alimentan el miedo. Muchas personas tienen un acontecimiento concreto, a menudo de la infancia, que sentó las bases de su miedo.
Las técnicas basadas en el enfoque polivagal actúan directamente sobre el sistema nervioso autónomo para ayudarte a pasar de la activación simpática a la seguridad que proporciona el nervio vago ventral.
Tu cuerpo está intentando ayudarte
Tu miedo a volar, por muy doloroso y limitante que sea, comenzó como un mecanismo de protección. El miedo no es tu enemigo. Es un perro guardián que ladra al cartero. Tu tarea no es acabar con el perro guardián. Tu tarea es enseñarle a distinguir entre una amenaza real y una falsa alarma.
Tu sistema nervioso ha aprendido a tener miedo. Puede aprender a sentirse seguro. Ese es el trabajo. Y no tienes por qué hacerlo solo.




