Tenemos que hablar del control, porque ahí es donde suele empezar la ansiedad. Te sientas en ese asiento y te sientes completamente indefenso. No puedes pilotar el avión. No puedes frenar. No puedes abrir la puerta. Esta falta de control resulta aterradora porque tu cerebro equipara el control con la seguridad. Si estoy al mando, estoy a salvo. Si no estoy al mando, estoy en peligro.
Seamos sinceros. El control en nuestra vida cotidiana es, en gran medida, una ilusión. Creemos que lo tenemos, pero rara vez es así. Imagina que estás conduciendo por un túnel estrecho. Hay paredes de hormigón a pocos centímetros de tus retrovisores. En el carril contrario, enormes camiones se precipitan hacia ti a 100 kilómetros por hora. Solo cincuenta centímetros te separan de una colisión frontal. Si ese otro conductor estornuda o mira su teléfono durante un segundo, se acabó. No tienes ningún control sobre ese conductor ni sobre su camión. Sin embargo, conduces por túneles sin entrar en pánico.
Tu miedo al avión no tiene que ver realmente con el avión. Proviene de tu pasado. Si creciste en un entorno en el que las figuras de autoridad no eran de fiar o en el que tenías que estar hipervigilante para sobrevivir, tu sistema nervioso aprendió una dura lección. Aprendió que la seguridad solo existe cuando eres tú quien lleva las riendas. El avión reaviva esa vieja herida.
La realidad es muy diferente. La aviación está diseñada específicamente para funcionar sin tu intervención. Hay dos pilotos que se controlan mutuamente. Hay sistemas automatizados que supervisan todos los parámetros. Existen normas internacionales que garantizan la coherencia. El sistema no necesita que seas tú quien lo mantenga a flote.
El trabajo terapéutico consiste en darse cuenta de que «perder el control» es un mito, porque en realidad nunca lo tuviste. Puedes dejar de luchar por un control imposible sobre la máquina. Puedes empezar a gestionar lo que realmente te corresponde gestionar. Tú controlas tu respiración. Tú controlas tu tensión muscular. Tú controlas tu atención. El avión volará, te preocupes por ello o no.




