La pregunta que atormenta a quienes tienen miedo a volar
A menudo nos preguntan: «Vale, ya sé que las turbulencias no suponen ningún peligro. Pero, ¿y si no se trata de turbulencias, sino de otra cosa?».
Cuando un avión se sacude, se trata de turbulencias. Las demás causas de sacudidas son muy poco frecuentes, sobre todo en teoría. Hoy en día, la probabilidad es de una entre cientos de millones de vuelos.
Probabilidad frente a posibilidad
Una mente sana no se plantea la pregunta «¿y si no se tratara de turbulencias?». No le interesan las probabilidades de uno entre un millón. No evalúa la posibilidad, sino la probabilidad. Porque todo es POSIBLE.
En cambio, una mente que funciona correctamente se plantea la pregunta: «¿Cuál es la causa más probable de las sacudidas?». La respuesta es: las turbulencias. Y es totalmente seguro tanto para los pasajeros que llevan el cinturón abrochado como para el avión. Eso basta para activar el mecanismo de calma.
La búsqueda de garantías absolutas
Si la psique no funciona correctamente, es posible que necesite garantías absolutas. Y no hay ninguna.
Una mentalidad errónea no distingue si el riesgo es de 1 entre 10, 1 entre 10 000 o 1 entre 10 000 000. Solo ve el número. El resultado es un miedo intenso, que puede llegar incluso a provocar ataques de pánico.
Detrás de la búsqueda de la seguridad absoluta se esconde una sensación generalizada de inseguridad con la que convive aproximadamente el 30 % de la población. Esta sensación tiene su origen en una etapa de la vida en la que nuestro cerebro apenas está empezando a comprender qué es seguro y qué no lo es.
Romper el círculo
La idea de «¿Y si no son turbulencias?» tiene otra razón de ser. Las personas ansiosas ven una «amenaza» en todo. Incluso en sus propios sentimientos. Se «supone» que sus sentimientos son «los correctos».
Cuando sentimos miedo, buscamos su causa, por desgracia, en factores externos, y no en los internos. Por lo tanto, este razonamiento nos permite hacer que nuestro miedo resulte «lógico» y que nuestras emociones sean «correctas».
El círculo se cierra, porque si me siento «en peligro», eso me da aún más miedo. Romper este círculo vicioso es difícil, pero posible. Solo hay que quererlo y buscar ayuda profesional.





