Establecer límites es bueno. Pero a veces causan problemas.
Los límites son internos y externos.
Los límites internos definen lo que una persona considera aceptable en relación consigo misma o con otra persona, y lo que no lo es.
Los límites externos definen lo que una persona considera aceptable que los demás hagan con respecto a ella.
Por ejemplo, «No tengo derecho a llegar tarde, es una falta de respeto hacia los demás y una falta de seriedad» es un límite interno. En cambio, «nadie puede llegar tarde a una reunión conmigo» es un límite externo.
El desequilibrio en los límites de las personas ansiosas
Las personas ansiosas suelen tener límites internos muy estrictos y casi carecen de límites externos. Este desequilibrio es consecuencia de haber sufrido abandono emocional y de haber sido ignoradas durante la infancia.
A través de la relación con sus padres, el niño descubre que sus límites externos pueden ser fácilmente traspasados. «¿Por qué? Porque yo lo digo, por eso». «¿Cómo que no quieres? ¡Tienes que hacerlo!». Cada intento de defender esos límites podía acabar en maltrato físico o emocional. Lección aprendida.
El papel de la culpa y la vergüenza
Los límites internos estrictos se basan en los sentimientos de culpa y vergüenza. «Mira cómo te comportas, me das vergüenza» y «¿Qué dirá la gente?».
La conclusión es que estás obligado a cumplir cientos de miles de reglas y normas estrictas.
Como consecuencia, una vez que ha crecido, la persona vive sometida a límites estrictos que casi todo el mundo puede traspasar fácilmente, excepto ella misma.
Cuando la mente ya no puede más
Llega un momento en que la mente ya no puede soportarlo más y nos presenta la factura en forma de neurosis, fobias y ataques de pánico.
Es más, «tenemos» que hacer aún más (por ejemplo, tranquilizarnos de inmediato ante las turbulencias), mientras que los demás pueden culparnos impunemente, avergonzarnos o exigirnos que nos ajustemos a SUS normas y reglas.
En algunos casos, una persona que intenta lidiar con el desequilibrio de los límites reacciona de forma «violenta», lo cual suele ser excesivo. En ese contexto, los límites externos también se vuelven muy estrictos y absolutamente inflexibles. Y lo que carece de flexibilidad se rompe con facilidad.
El camino hacia la recuperación
Restablecer unos límites saludables es un componente importante del tratamiento de la ansiedad. No es fácil hacerlo, ya que las actitudes que adquirimos en la infancia están muy arraigadas.
Por suerte, sabemos cómo solucionarlo.





